!Quién lo hubiera dicho hace tan sólo cinco años! Entramos en una nueva dinámica editorial, donde la venta de dispositivos disparará a su vez la venta -y piratería-de paleolibros electrónicos destinados a esos paleoeReaders que estarán entre nosotros en estos comienzos. De hecho, creo que pensar que la tecnología se va a quedar en el estado actual de desarrollo -como le ocurrió al papel hace 500 años- es absurdo. Si bien es cierto que la industria papelera se ha desarrollado mucho desde la revolución industrial, no es menos cierto que lo ha hecho para producir más -más cantidad, más barato- y no mejor -como el papel artesano, hecho a mano, no hay nada-.1
Esto reducirá la venta de libros en papel en un porcentaje a determinar, pero si nos fijamos en el mundo de la música y/o películas, y en el caso del libro en diccionarios y enciclopedias... ver estadísticas
Si yo tuviese que recomendar a alguien una inversión en la industria gráfica -espero no tener que hacerlo, y equivocarme sobre la debacle que se cierne sobre las empresas gráficas editoriales en su forma y configuración actual- esta sería siempre en industrias artesanas. El libro se convertirá, visto como objeto y no sólo como un soporte de contenido, en un objeto de lujo, con lo que un coste de 10, 20, 30 ó 300 € en su encuadernación y/o impresión, serán irrelevantes, si el canal no es el mismo (editorial-distribuidor-librero-lector) y las comisiones entre editor y/o fabricante y lector, por lo tanto, son distintas.
1 Hay una excepción, que sólo surge en el siglo XIX con el proceso cromolitográfico y que supone la creación y desarrollo de un tipo de papel que denominado estucado, que no es más -ni menos- que una preparación superficial del papel para recibir de forma más adecuada al sistema de offset las tintas, y que permite no sólo una mejor impresión, sino un secado y acabado más rápido y duradero.

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